Usan la ingeniería genética para salvar a las abejas de la miel

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Publicat el Dijous, 13 Febrer 2020 12:27
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abejas Foto LaVanguardiaInvestigadores de la Universidad de Texas han desarrollado cepas de bacterias modificadas genéticamente para proteger a estos insectos de los ácaros Varroa y del virus del ala deformada.

 

 

Elena Martínez Batalla    
06/02/2020 06:00 | Actualizado a 06/02/2020 09:21

Las poblaciones de insectos no pasan por su mejor momento. El 41% de las especies de este grupo están en declive y una tercera parte se encuentra en peligro de extinción por culpa de la actividad antropogénica y la crisis climática, algo que no es nada bueno para nosotros, entre otras cosas, porque cerca del 80% de las plantas que cultivamos dependen de la función polinizadora de los insectos.

 

Las abejas son quizás los polinizadores más importantes. Sin embargo, son muchas las amenazas que planean sobre estos insectos, lo que ha llevado a la comunidad científica a esforzarse para salvar a estas polinizadoras esenciales para nuestras vidas, cuya población mundial se ha reducido a más de la mitad en la última década.

 

Primero fue un grupo de expertos de la Universidad de Helsinki, que en 2018 desarrolló para las abejas melíferas la primera vacuna comestible contra las infecciones microbianas. En concreto, el fármaco protegía a las abejas de la Loque americana, una enfermedad extendida por todo el mundo que puede arrasar con colonias enteras de abejas. Además, sus esporas pueden mantenerse viables durante más de 50 años.

 

Ahora, un grupo de investigadores de la Universidad de Texas en Austin (Estados Unidos) ha desarrollado cepas de bacterias genéticamente modificadas para proteger a las abejas melíferas de plagas que producen el colapso de sus colonias, según se desprende de un estudio publicado el pasado mes de enero en la revista Science.

abeja con varroa Foto La Vanguardia

Según se desprende del trabajo, las bacterias viven en el aparato digestivo de las polinizadoras y actúan como fábricas biológicas, ya que generan los principios activos que protegen a las abejas contra los ácaros del género Varroa y el virus del ala deformada, que muchas veces actúan a la vez. Y es que, mientras los ácaros se alimentan de las abejas, pueden propagar el virus, lo que las debilita y las hace más vulnerables a otras enfermedades.

 

Esta es la primera vez que se usa la ingeniería genética para mejorar la salud de las abejas, si bien los investigadores sostienen que este mismo método podría ampliarse para su uso agrícola porque las bacterias manipuladas son fáciles de cultivar, la inoculación de las abejas es sencilla –sólo hay que rociarlas con agua azucarada que contenga la solución bacteriana-, y lo más importante, es poco probable que las bacterias manipuladas se propaguen más allá de las abejas.

 


Una especie en peligro

Los apicultores norteamericanos perdieron el invierno pasado el 40% de sus colonias de abejas melíferas


 

 

Esto se debe a que el tipo de bacterias utilizadas están completamente adaptadas a vivir en el interior del intestino de las abejas y no pueden sobrevivir por mucho tiempo fuera de él. Además, las bacterias protegen contra un virus que ataca sólo a las abejas.

 

Esta solución llega en un momento clave, pues los apicultores norteamericanos perdieron el invierno pasado el 40% de sus colonias de abejas melíferas, lo que fue el mayor declive de la especie en más de una década.

 

Según el estudio, las abejas que poseen las bacterias genéticamente modificadas tienen un 36.5% más de probabilidades de sobrevivir al virus del ala deformada. Asimismo, los ácaros que se alimentan de estas abejas tienen un 70% más de probabilidades de morir que los que se alimentan de abejas que no han recibido ningún tipo de tratamiento.

 

Al igual que los humanos, las abejas tienen en sus intestinos un mecanismo de defensa antiviral llamado ARN interferente (RNAi) que ayuda al cuerpo a combatir los virus de ARN. Por lo general, el ARN interferente aparece sólo cuando un virus de ARN se está replicando y actúa como una señal para que en el cuerpo se desencadene una respuesta inmune.

 

Cuando los investigadores rociaron las abejas con la solución bacteriana observaron cómo sus sistemas inmunes se preparaban para protegerlas contra el virus del ala deformada, lo que, a su vez, hizo que los ácaros debieran enfrentarse a él y murieran.

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